¡Cómprate una isla!
La vuelta de las vacaciones de Semana Santa se puede hacer muy dura si se tenían grandes planes para estos días pasados, pero siempre hay remedios para evitar estar de mal humor y sin ganas de volver a encontrarse con la rutina. Uno de esos remedios es el de comenzar a planear de manera inmediata las próximas vacaciones o el próximo viaje que realizaremos. Como precisamente es el momento de comenzar a buscar destinos y planes en los que no habíamos puesto atención todavía, desde aquí vamos a pensar a lo grande y te vamos a sugerir algo que seguramente no esté a tu alcance pero que tal vez sólo de pensarlo te saque de la rutina, y es que... ¿por qué no comprarse una isla privada?
Evidentemente, asociamos la compra de islas maravillosas en lugares paradisíacos a estrellas del cine, cantantes o a magnates de los negocios, pero… ¿cómo reaccionarías si supieses que hace 4 años pudiste comprar tu propia isla por alrededor de 600€? Está claro que tampoco se le podía pedir mucho por esa cantidad, pero seguro que conoces a poca gente que pueda presumir de tener una pequeña isla en Ontario (Canadá). Actualmente, una de las oportunidades más baratas es una pequeña isla de 3.000 metros cuadrados en Panamá por menos de 32.000$ … así que, todo es pensárselo.
¿Pero por qué hay personas que optan por comprar una isla privada cuando económicamente podría ser más rentable vivir a cuerpo de rey en hoteles exclusivos? La respuesta es difícil de imaginar cuando no se está en disposición de comprar la isla, pero principalmente lo que se busca es la tranquilidad y el relax que proporciona saber que se dispone de total libertad. Existen determinadas cualidades que son comunes a todas aquellas personas que se atrevieron en un determinado momento a afrontar la compra de una isla privada, más allá de la evidente e imprescindible disposición de una cantidad de dinero muy alta. ¿Quieres saber si tienes madera de futuro comprador de islas? Aquí van algunos de los rasgos más distintivos:
La mayoría de los propietari@s de islas son personas muy independientes, ya que aunque en sus entornos puedan ser realmente personas solitarias, deben afrontar una serie de retos que sólo se dan en situaciones en las que no hay nadie a su alrededor que les pueda ayudar. La paz y la intimidad que aportan las islas privadas hacen que algunos famosos se recluyan en ellas para recobrar la normalidad en sus vidas, pero esa normalidad tiene un coste, que suele ser el de perder mucho tiempo en aspectos que en plena civilización no llevarían el menor trabajo puesto que cualquiera les podría solventar el problema o ayudar a buscar una solución.

La adaptabilidad al medio es otro rasgo a destacar entre los compradores, ya que aquellos que pretenden trasladar su vida de ciudad a su nuevo paraíso acaban por abandonar la isla y volver decepcionados a la civilización. En muchos casos, la compra de una isla remota supone tener que aprender algunas costumbres y lenguas de las culturas o civilizaciones que merodean la zona, saber navegar en un barco o sentirse cómodo en soledad, y no siempre se está preparado física y psicológicamente para afrontarlo todo.
El ser un enamorado de la naturaleza se supone que debería ser condición sine qua non para plantearse la compra de una isla. La oportunidad de proteger el ecosistema existente en la isla y el de actuar en beneficio de ésta es una experiencia muy enriquecedora y satisfactoria. De hecho, la película “The Beach”, protagonizada por Leonardo Di Caprio hace unos años potenció una tendencia ecologista o verde antes inexistente entre los compradores de islas.
Y por último el sentido de la aventura, que probablemente sea la cualidad más importante que debe tener un comprador de una isla, ya que el mismo hecho de plantearse la idea de la compra se podría decir que requiere de valentía fuera de lo habitual incluso disponiendo de los medios económicos necesarios. La elección de la isla, el viaje a lugares exóticos para comprobar en persona si merece la pena, prever el desarrollo de la vida habitual una vez instalado y en definitiva, el cambiar todo un estilo de vida exitoso por algo que se desconoce, implica toda una aventura que no todos estaríamos dispuestos a afrontar.
Y es que lógicamente, comprar un terreno en mitad del mar o de un océano es un lujo que muy pocos se pueden permitir. Aún así, aquellos que se lo pueden plantear no tienen precisamente en lo económico uno de los factores más relevantes, ya que incluso las operaciones en las que se compran islas suelen ser rentables económicamente, ya que es un valor que no se deprecia y que incluso suponen plusvalías a sus propietarios en caso de querer venderlas. El caso es que la tentación de no tener vecinos suele salir bastante cara a quienes pretenden tener su espacio para la intimidad. Aunque siempre hay excepciones, y en este punto resulta imprescindible destacar una que dio la vuelta al globo hace alrededor de un año. Se trataba de una oferta de trabajo que no dudó en calificarse como la del “mejor trabajo del mundo”, y que consistía en la de ser el guarda de una isla totalmente desierta en la que el afortunado trabajador dispondría de todo tipo de comodidades y un buen salario al mes (aunque no tendría dónde gastarlo durante ese tiempo) Imaginaos la repercusión en medios que generó tal anuncio… y la de gente que se planteó abandonar su vida durante un tiempo.
Dejando este caso a un lado, la realidad es que para poder permitirse un lujo de varias hectáreas está claro que hay que moverse en determinados círculos sociales… o conocer alguna de las webs en las que puedes buscar la isla que más te gusta como si se tratase de un hotel o de una casa en plena ciudad. En ellas podremos encontrar desde la mencionada isla panameña, llamada Gatun, hasta verdaderas joyas de la naturaleza por decenas de millones de euros.
Pero si por casualidad estás en disposición de darte un capricho de estas dimensiones y lo que te da pereza es tener que atravesar medio mundo cada vez que quieras disfrutar de tu paraíso particular, debes saber que no todas las islas que se encuentran a la venta están a océanos de distancia de nuestro país. De hecho, una de las islas más exclusivas y más caras del mundo es española y no es otra que la isla de Sa Ferradura, valorada en cerca de 33.000.000 € , situada junto a Ibiza.

Por tanto ya no hay excusas que valgan… y quien no tenga su propia isla no podrá decir que es porque no sabe cómo comprarla. Sólo hacen falta unos cuantos millones de euros de sobra, pero al fin y al cabo… se trata de un pequeño detalle.

http://www.privateislandsonline.com/
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