El hábito no hace al monje. ¿O sí?

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Martes 20 de Abril de 2010 15:06
En pleno siglo XXI y con la lluvia de modas y tendencias que desaparecen incluso antes de haber alcanzado su minuto de gloria, podemos seguir afirmando con seguridad que el traje sigue siendo la opción más segura y elegante para el hombre y que ciertos mínimos como el corte, el color y el tejido deben adecuarse a la ocasión, al momento del día, la época del año y el clima en el que nos encontremos.

Daniel Craig

El orden en el que hemos presentado cada una de las condiciones anteriores no es en absoluto aleatorio, ya que si tuviésemos que destacar uno de ellos debería ser el corte. En caso de que existiese alguna duda, planteémonos la situación de tener que elegir entre un traje bien cortado pero confeccionado con tela de una baja calidad o un traje realizado con un tejido sublime pero mal cortado… seguro que la mayoría apostaría por la primera opción, ya que con lo referente al corte del traje es mejor no arriesgar y apostar seguro. Como “buen corte” nos referimos al empleo de un patrón clásico como el que se ha utilizado desde los años treinta con independencia modas hasta llegar a convertirse en todo un estándar internacional para todo aquel sastre que se precie. Para alcanzarlo ha de ser natural, o lo que es lo mismo, destacar y ensalzar la figura del portador y sólo detenerse a corregirla en el caso de que existan defectos muy evidentes.

Traje 2 piezas ERTLCOHN

 

El traje dos piezas es el traje más habitual actualmente. Cuenta con dos botones, dos cortes laterales y los pantalones se llevan con o sin vuelta. Asimismo, también es posible que lleve tres botones y un corte posterior o tres botones y dos cortes laterales. Varias opciones para el traje más sencillo de ponerse… y más aún si es hecho a medida.

Por su parte, el traje cruzado debe contar siempre dos cortes laterales, careciendo categóricamente de un corte posterior. En la Europa continental se lleva muy a menudo sin cortes, aunque no es lo correcto. Una chaqueta sin cortes sólo sienta bien si se está de pie y no se meten las manos en los bolsillos. Posiblemente el máximo exponente y mayor precursor de este modelo es el Príncipe Carlos de Inglaterra, lo que le ha valido en multitud de ocasiones para destacar como uno de los hombres más elegantes en multitud de actos.

Traje Principe Carlos

Y por último, el eterno traje de tres piezas, que hoy en día solemos ver en celebraciones como bodas. Durante su primera etapa, el traje estaba compuesto por tres partes: chaqueta, chaleco y pantalones. Actualmente, lo más normal es que se prescinda del chaleco, aunque dicha tendencia existe desde la Segunda Guerra Mundial, lo que parece indicar que aún no ha dicho su última palabra.

Traje 3 piezas

Pero además de saber adecuarse a estos tres tipos fundamentales de traje, es importante que se reconozcan las cualidades del físico del caballero en cuestión y hacer caso al espejo. Así, un hombre delgado y con extremidades largas debe vestir un traje estrecho sin apenas hombreras, solapas delgadas y unos pantalones más bien ajustados a sus piernas. Para el hombre atlético y de espaldas anchas tampoco son necesarias las hombreras, ya que sus medidas naturales harán gran parte del trabajo. En cambio, para los hombres corpulentos es especialmente recomendable renunciar a ensanchar el cuerpo con el corte del traje, ya que puede ser muy contraproducente.

El color negro, el azul oscuro y el gris, tanto claro como oscuro, forman el trío de colores básicos para un traje. Incluso en determinadas profesiones el uso de estos tonos se hace necesario por no decir imprescindible, ya que tanto el marrón como el verde están considerados apropiados para situaciones informales o para los fines de semana, pero no para la oficina. En cuanto al tejido, hoy en día se emplean telas mucho más ligeras que en otras épocas, en las que la calefacción de los despachos dejaba mucho que desear. Aún así, las diferencias de grosor y peso en las telas sigue siendo patente y resulta muy interesante conocer de antemano dónde se va a llevar puesto el traje, si en una oficina sofocante o por las calles de la ciudad en un largo y frío día de invierno con trayecto a pie incluido. En cualquier caso, sea cual sea la situación, lo que sí debemos tener muy claro es que el mejor material para confeccionar el traje siempre es la lana virgen, ya que resulta ser el material más elegante sin lugar a dudas y el más resistente a las arrugas.

Pero ya que estamos haciendo un monográfico sobre el traje, no estaría de más definirlo para recordar que se trata de un atuendo en el cual la chaqueta y pantalones han sido cortados de la misma tela. Y es que aunque pueda resultar curioso, hasta finales del XIX los caballeros llevaban tanto el frac, como la levita, e incluso el chaqué confeccionado con una tela distinta a la del chaleco, al igual que los pantalones. De hecho, la combinación del trío chaqueta-chaleco-pantalones con una misma tela se utilizaba en ocasiones muy poco formales hasta los años treinta, en los que como decíamos anteriormente, se marcaron las pautas básicas del diseño actual del traje, dejándolo definitivamente establecido como el atuendo habitual del trabajo en la oficina.

Por ello, se puede considerar a Inglaterra como a la madre del traje, ya que fue en las islas donde se desarrollaron a principios del siglo XX los patrones que aún hoy se mantienen vigentes y que son copiados en diversas versiones en todo el mundo. Pero también le debemos mucho a los italianos ya que no sólo rompieron el monopolio británico sino que abrieron un nuevo frente a la moda. Por un lado se encuentra la sastrería inglesa, que basa su concepto de elegancia en el cumplimiento de las reglas impuestas por las clases dominantes de manera estricta, mientras que los italianos abogan más por la supremacía de la tela, el color y el corte sobre los criterios estéticos. Una lucha de la cual quien ha salido beneficiado ha sido el hombre, puesto que hoy podemos escoger lo mejor de ambos y disfrutar del traje de rayas de Londres y el traje de verano de Roma con la garantía de que en ambos casos nos encontramos con un corte y una calidad propias de un buen traje.

 

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