Enoturismo, escapadas regadas con buen vino
Aunque el vino español siempre ha gozado de reconocimiento, a pesar de tener que enfrentarse a los superpublicitados caldos franceses e italianos, es sólo desde hace unos años que el placer de escaparse a probar buenos vinos se ha convertido en una tendencia con nombre propio: enoturismo.
En España contamos con diez regiones vitivinícolas, así que las posibilidades y entornos para nuestras escapadas son prácticamente infinitas: diferentes climas, diferentes estilos y por supuesto diferentes vinos nos ofrecen un enorme abanico de posibilidades.
La creación de La Ciudad del Vino en torno a la antigua bodega de Marqués de Riscal, de manos de Frank Gehry, dio una vuelta de tuerca al disfrute del buen vino, convirtiéndolo en una experiencia de lujo y buena vida. Situado en plena Rioja, este complejo dedicado a la elaboración y cuidado del vino es odiado y amado a partes iguales (y es que la estética futurista en contraste con la naturaleza no termina de crear quórum).



La Ciudad del Vino ofrece estancias en su moderno y lujoso hotel de 5 estrellas, el Hotel Marqués de Riscal The Luxury Collection, experiencias de relax en su spa de vinoterapia (dirigido por Caudalie, la marca de cosmética francesa pionera en tratamientos con fórmulas basadas en la uva) y, por supuesto, la cata de toda la gama de vinos Marqués de Riscal y los champagnes Laurent Perrier, de los que Marqués de Riscal es distribuidor exclusivo en España.
Frente a tanta modernidad y lujo podemos destacar la increíble Abadía Retuerta, situada en plena Milla de oro. Y es que el mundo del vino también tiene su particular milla de oro en torno a la ribera del Duero. Es en esta privilegiada zona donde se producen marcas de vino tan prestigiosas como Mauro, Hacienda Monasterio, Pingus, Alion o la mítica Vega Sicilia. Abadía Retuerta es considerada una de las bodegas más avanzadas de toda Europa (fue diseñada por el renombrado enólogo Pascal Delbeck) pero sin lugar a dudas gran parte de su encanto reside en la abadía del siglo XII que podemos encontrar en sus tierras, de estilo románico y declarado Monumento Nacional en 1931. Puede contratarse una visita completa que incluye visita al viñedo, la bodega y la Abadía finalizada con una cata comentada en el refectorio del monasterio.
Para acabar, un chivatazo a los más ‘cómodos’: la Oficina de Enoturismo de Valladolid organiza rutas cortas de un día de duración que permiten olvidarse de horarios, GPS e (importante) el problema de conducir.
¿Os animáis a una escapadita?
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